El ungido candidato olmediano a la Intendencia de la Capital, el locutor empresario Martín Grande ya comenzó a sentir las primeras estocadas del mundillo de la política: la que le dió el Diputado por Anta, Pedro Sández quien en plena sesión advirtió que "ahora Grande tendrá que soportar las críticas".

Grande no se hizo esperar y salió con los botines de punta: "a ese infeliz hay que hacerlo desaparecer con votos". Aunque para el locutor votos y botas y el término "desaparecer" son parte de su pensamiento procesista ya que es sobrino carnal del extinto represor: Coronel Carlos Grande vinculado con La Masacre de Palomitas.

Muchos muertos habrán de salirse del placard del locutor y tendrá que prepararse para la rudeza escaldante de la arena política. No es menos interesante comparar los axones de locutor chileno y las neuronas de Alfredo Olmedo en materia gris y la apreciación marcial, uno quiere hacer desaparecer un político y el otro implementar el Servicio Militar.

En algunas cosas existe un vector de coherencias: el autoritarismo, la equiparación intelectual y la intolerancia social. Aunque esas "coincidencias programáticas" no son suficientes para sustentar el eje de la propuesta cuando ambos hablan de unidad familiar y Olmedo está separado y se ufanaba de ser pareja de Rocío Marengo, no justifican el proyecto.

En cuanto a la intolerancia por los gays, se debe respetar esta postura discriminatoria siempre que se mire al núcleo de familiar propio. Además, cuando tanto se criticó al aire para erigirse en el molde patrón de la moral pública se debe aceptar que la tribuna política invierte las reglas de ese juego y ya no hay micrófono que valga.

El discurso político es un feedback imprevisible, a la sociedad se le propone, al opositor se lo debate, al aliado se lo reconoce y a los periodistas se los respeta. Lo que no percata Grande es que ahora ya es político y que ingresó al mundo de la presunta corrupción que tanto "combatió", persiguió y defenestró.

Mimí Leder
Otro detalle que no pasó inadvertido fué el rompecabezas de Mimi Leder, al que utiliza como discurso de campaña y refiere a un niño que quiere que su padre le compre juguetes y que lo lleven al Shoping (según Olmedo) y que el padre hará esa concesión siempre que su hijo armase un rompecabezas del mundo.

Valga este recurso, aunque tergiversado del texto original de Leder pero que sirva para graficar el proyecto centrado en la familia aceptando que la propia conciencia moral le reclama a Olmedo como ser un ejemplo de vida avaladando su plataforma son sus propias acciones y no con sus éxitos materiales los que restrega en su discurso.
Y cómo esto recién comienza, el locutor trasandino habrá de encallecer sus oídos para escuchar las réplicas de aquellos a los que tanto descalificó con su micrófono. Y además porque, ahora, deja su posición de prescriptivista comunicacional para ser un motivador y emotivista de la tribuna por cuanto desde ese ámbito no hay retorno.