Martín Grande, en política, abre un campo muy generoso para analizar la incontinencia verbal. Al parecer, el intelecto y su masa cerebral tienen su propio "esfinter" que al igual que el resto de los aparatos del cuerpo cumplen su función: controlar y evitar la incontinencia. Aunque estas funciones tienen su tiempo, en la niñez y en la vejez se requiere de los pañales descartables para poder superar estas vicisitutes fisiológicas que es tributo natural a la existencia y al maravilloso ciclo de la vida.

En el caso de Martín Grande, al parecer, carece de medios para controlar su esfinter cerebral y su incontinencia verbal se manifiesta en plenitud con una tenacidad temeraria para sus propios intereses y para los intereses de quien le "paga la campaña para Intendente de Salta" el megamillonario Alfredo Horacio Olmedo. Este tipo de "enuresis mental compulsiva" del locutor lo lleva a confesar que para ser candidato le pagaron, se puso un precio y, como cualquier producto, carece de ideas e ideología.
Si a la verborrágica confesión de mercantilizar su candidatura, le agregamos "a ese infeliz de Pedro Sández lo voy a hacer desaparecer..." estamos ante una estructura mental de una pasmosa incompetencia que excita su "esfinter intelectual" rudimentario y básico y lo deja al desnudo con su dialéctica. Si bien es cierto que la incontinencia fisiológica se resuelve con pañales descartables, ofrenda natural a la existencia porque muy dificil habrá de ser ponerle chiripa a un cerebro que no controla sus propios "esfínteres" coloquiales.
El candidato "rentado, cotizado en quintales de soja y pautado" con la más alta orden de publicidad que político alguno haya pagado en su carrera, no le tembló la lengua para sacarle los muertos del placard y tirárselos sobre el escritorio de su Jefe político y benefactor Alfredo Olmedo. Nuevamente la incontinencia crónica de Grande desbarató la estructura moral de la campaña olmediana al relatar la vida privada del líder de Salta Somos Todos.
Martin Grande con su sórdido lenguaje dijo “Si a Alfredo le querés buscar algún cadáver los tiene todos ahí, encima de la mesa, expuestos, son sus defectos. Está en la iglesia golpeándose el pecho, y tiene una supuesta mujer, y cuando llega el momento de mostrarla no está. Acá es un tipo separado, que fracasó en su matrimonio, que hasta le fueron infiel, y bueno, no disimula nada”. Esto cayó como escarcha sobre el lomo de los colaboradores del sojero quienes en cualquier momento subastan el acuerdo con el locutor.

Lo que declama la dupla Olmedo-Grande en sus mensajes proselitistas se desmorona inexorablemente en el contraste de los dichos y los hechos. El discurso olmediano de presentar a la unidad de familia como el eje temático de la propuesta electoral fue torpedeada por Grande al decir “tuvo un hijo con una novia, lo que significó que rompa con su mujer definitivamente, que rompa con su familia y hasta terminó rompiendo con su padre”. A decir del locutor, Olmedo es adúltero, infiel y disgregador familiar.
Finalmente, Martín Grande deja emerger su condición comercial por sobre de cualquier ideal político cuando asegura "que el PJ paute en la radio de Martín Grande, a que lo haga en la radio del rival político, eso está claro, así que de movida estoy perdiendo mucha plata". El locutor empresario vuelve a parangonear sus finanzas con los saldos que pueden dejarle sus negocios con la política.
Sin que lo dicho por Grande de que pierda plata sea creíble, Olmedo pagará todos los antojos electoralistas, aunque, hasta ahora, el discurso grandeniano no es otra cosa que una insoportable muestra del egocentrismo y auto suficiencia moral que lo lleva a una especie de "honesticidio dialéctico" que destruye la campaña de Todos Somos Salta, porque su mensaje es "yo no soy como Alfredo"