Día viernes 14 de febrero de 2003: Ya había amanecido. Siempre la policía, como ellos dicen, te hace el "amansadero", yo ya lo había pasado: una noche sin dormir, en una oficina e incomunicado, con mucho pero mucho frío y con el asiduo interrogatorio en un estado de sopor que no te permite entender lo que realmente te pasa. Omití, ex profeso, de relatar los detalles de la revisación que me hiciera una médica del servicio policial a las tres de la mañana del viernes 14.
Me sentí agraviado y humillado en la inmerecida vergüenza. Me hicieron desnudar completamente y me mantuvieron así casi veinte minutos en la helada habitación de la planta alta de la policía del barrio El Tribuno. Estaba en plena oscuridad sin un abrigo encima. "Preparate..." me dijo el guardia. Después entendí que me estaban advirtiendo que me llevarían al Chancho para apremiarme como lo habían hecho con otros detenidos esa noche antes de que me pusieran en bola.

De pronto apareció el Comisario Principal Roberto Sergio Guanuco y encendió la luz. Ese parpadeo, por el tic tac del ruido de la reactancia del tubo fluorescente, me aguijoneó los ojos del alma y sin sollozar me saltó una lágrima, tal vez, la lágrima más grande de toda mi vida. Cerré los ojos. Me hicieron dar vuelta y la médica me preguntó de los moretones. No recuerdo que respondí respecto de las marcas que me dejó el Sub Comisario Carlos López y el urso cuando me resistía a entrar al furgón del secuestro. Dormitaba en la pieza frente a un escritorio. Comenzó a despuntar la mañana.
Sentí temor que mi corazón me reventara el pecho y temblaba mucho por el frío. Me corrió un poco de horina por medio de las piernas. Me dolía la vida...
A pesar de mi deplorable estado, esa primera noche, la del 13 y la madrugada del 14 de febrero jamás las podré borrar de mi alma. Cada media hora debía soportar que personal de civil y uniformado ingresaran y me presionaran con la misma pregunta "¿Cómo ibas a violar a ese chico, a Emanuel...?" No puedo eliminar de mi mente la sonrisa irónica del Comisario Principal Guanuco ni mucho menos su cara de arlequín medieval.

El Chancho
También me decían que me iban a llevar al Chancho para que les diga qué es lo que había hecho y me indicaban que escuchara lo que sucedía en el Chancho. Se podía oir "la masa", golpes y gritos desgarradores. ¡Torturaban a los detenidos! Juro por mi vida que los escuchaba decir "ay mamita, no me peguen más... por Dios...". También se podían oir los balbuceos de cuando los ahogaban en el fuentón y los sonidos tétricos de las exhalaciones del "submarino". Señores, a mí no me lo contaron, lo escuché con mis propios oídos en una noche fría de febrero del 2003 en la sede policial del Barrio El Tribuno.
El Submarino
Ya había amanecido. En ese momento el guardia me indica que debo presentarme en el despacho del Comisario Raúl Rodríguez, Jefe de la Seccional del Barrio El Tribuno. Mi padre solía decir "en los canas no hay que confiar, no soy amigos ni entre ellos. Son todos iguales porque les corta el pelo el mismo peluquero y les hacen la ropa el mismo sastre". Es probable que así sea.

Rodríguez me dió la mano y me dijo "eh, Guille que te pasó, esto es grave... ¿cómo fue la cosa? Contame a ver si te puedo dar una mano". Lo miré fijo y no le respondí nada. No sabía de qué me estaba hablando, lo único que hice es pedirle papel y lapicera pues quería mandarle un mensaje a los chicos de mi radio. Me respondió "le voy a preguntar a Agüero Molina porque estás incomunicado. Después que te indaguen podés escribir a quien quieras..." pero los golpes y los gritos de la primer noche de los apremios taladraban tanto mi memoria que, a Rodríguez, ni siquiera lo escuchaba.
Alguna vez, a uno le llega comentarios sobre el Chancho, las torturas policiales en las mazmorras de esta post modernidad y justo a mí, me toca comprobar que esta práctica es parte de "toda investigación y procedicmiento judicial". Para colmo de males, en el Concejo, yo era el Vicepresidente de la Comisión de Derechos Humanos que presidía el Concejal Fausto Ponciano Machuca sobre quien voy a referirme en otro tramo de este dolido y agraviante trance de mi vida.
Fausto Ponciano Machuca
Debo decir también que el Concejo en pleno, tiempo atrás, había invitado a una reunión al entonces Secretario de Seguridad, actual Ministro de la Corte de Justicia de Salta, abogado Gustavo Ferrari para que nos informara sobre apremios ilegales denunciados por una madre del barrio Santa Ana porque a su hijo menor, de apellido Gondara, lo habían detenido y torturado en la policía de esa zona. Es decir que, desde el lugar que tiene este funcionario judicial romerista y de Ley, con quien tuve un fuerte altercado en esa reunión, no podrá el Juez Ferrari decir que desconoce que la tortura policial existe.
Juez de Corte Gustavo Ferrari
¡Era cierto! La policia de Salta tortura y yo, en persona, aquella noche de angustia y deseperación, lo había comprobado. Toda la noche torturaron en el Chancho a dos jóvenes que, cuando me levantaron la incomunicación e ingresé a la celda, supe que se trataba de un chico de 17 años apodado Cowboy, quien actualmente es chofer de SAETA y el otro era César Navarro (18), quien actualmente cursa el último año de la licenciatura en Psicología en la Universidad Nacional de Tucumán. Ellos me contaron "anoche nos dieron masa... nos reventaron"
Cowboy y César Navarro sorportaron la tortura más espantosa y desgarradora resgistrada por mis oídos hasta que se hicieron cargo de las acusaciones. A esto, lo denuncié varios meses después, por ante la Fiscal Josefina David de Herrera cuando me trasladaron al Palacio de los Candados (penal de Villa Las Rosas). La funcionaria me dijo que lo que estaba denunciando era un hecho muy grave, pero los chicos ya habían sido condenados a 7 años de prisión. Volviendo al corto diálogo con el Jefe Policial Rodriguez, él me comentaba que quien estaba detrás de esta causa "el enano Gareca... ese chato es un hijo de mil puta..." Yo no le respondí nada.

Ex Juez Destituido ROBERTO ELIO GARECA
Hasta ese momento yo no sabía que Roberto Elio Gareca aparecería en escena el mismo día de la indagatoria. A pesar que, en la denuncia del pupilo de Su ex Pequeña Señoría, "rola en autos", como dicen los jueces, la defensora de la falsa víctima era la Abogada Claudia Liliana Costas, apoderada de Mabel Chavarría, madre del falso violado. Gareca utilizó a la letrada que jamás estuvo presente en las actuaciones de la causa porque era Gareca el ideólogo de la falsa acusación en mi contra. Al tiempo, la socia de Gareca y pantalla inicial del estrago, Dra. Claudia Liliana Costas renuncia a la defensa y Gareca le formula una denuncia penal. A este y otros episodios garequianos con socios me referiré puntualmente en otro tramo de mi relato.
Ex Juez Luis M. Agüero Molina
Hasta pasado el mediodía, adormilado por el cansancio, permanecí aislado en la oficina de la planta alta. Tenía mi camisa Pier Cardin blanca a rayitas marrones totalmente hecha trizas y mi pantalón de lino marrón descocido y sucio. El gorro verde que siempre llevo puesto no sé adonde estaba. El Juez requirió mi presencia a las tres de la tarde pero mi estado era impresentable. Entonces llamaron a mi Secretario, Victor Cortés, que fuera a mi casa a buscar ropa...