El Palacio de los Candados - Pag. 9, 10 y 11
El ex Juez, Abogado Roberto Elio Gareca, tan diminuto como obeso e histriónico, apareció en la escena mediática como el torbellino defensor de la moral. El liliputiense letrado aparecía por todos los medios del país y con sus adiposos pensamientos construía un ideograma político, social y profesional que, utilizando el CASO CAPELLAN, lo instalara como el más importante jurista de la provincia y del país.
GUILLERMO CAPELLAN
Esas eran las "aspiraciones" de flamante juez destituido. No quiero omitir ningún detalle, ninguna sensación ni situación que me haya impactado durante mi presidio. Gareca jamás imaginó a quien le echó el convite subestimando mi condición humana, mi intelecto y por sobre todo el desconocimiento de mi fortaleza ante las pruebas y desafíos a los que me reta el determinismo existencial. ¡qué puede entender de determinismo este delirante!
ROBERTO ELIO GARECA
Tan grande era y es su delirio, que al haber sido destituido el 13 de diciembre de 2002, se victimizó con el pergeño de erigirse en "el paladín de la Justicia de Salta". Entre tantas otras cosas, Gareca fue cadete de Horizonte S. A., firma propietaria del más importante medio impreso de la provincia, Diario El Tribuno. Don Roberto Romero, dueño del diario, lo hizo estudiar abogacía al cadete Gareca y luego cuando, Don Roberto, llegó a la Gobierno, el cadete asumió como Secretario General de la Administración. Años más tarde, Juan Carlos Romero lo propone y lo designan Juez Penal. Heráclito decía "el poder no cambia al hombre, lo muestra tal es..." Una vez que asumió de Magistrado, el cadete, comienza a perseguir a los Ministros del Gobierno que había designado a Su Pequeña Señoría como titular del Juzgado Formal IV.
BAJO EL SIGNO DE TAURO
Gareca es de Tauro y puedo describirlo como alguien que superó los preceptos ontológicos y epistemológicos de su signo. Sus odios, sus complejos de inferioridad y sus tribulaciones, constituyen el combo de emociones básicas y son los elementos primordiales de su vida, los rasgos de su personalidad esquizoide y principal motor de sus acciones. Es un taurino sin humor, temerario y a la vez cobarde. Está convencido de ser un sabio jurista pero ignora al otro, al prójimo, y esa negación del objeto lo vuelve destructivo y perverso. Su personalidad no es otra cosa que un débil conjunto de imaginarios proyectos faraónicos y sin sentido. ¿Cómo puede un ser humano tener el capricho de vivir solo para destruir al "otro"?

Cuando yo estaba detenido en la Policía, el cadete despechado de los Romero, a la prensa nacional, les "diseñaba" el juicio al que me iba a "someter" y por el que me iban a condenar a 15 años de prisión. Hacía un "per saltum" del proceso que tenía in pectore. El cadete de Horizonte S. A. escribía los artículos para Diario El Tribuno, en cuyo seno se originó su propia destitución. Su fallecido hermano, Sergio Gareca se veía obligado a publicar en el diario los artículos de su hermano, el cadete, sobre el tan sonado Caso Capellán.
ALEJANDRO SAN MILLÁN
El día que me metieron preso, Gareca descorchó un Champagne con Matías Jorge Diaz, Secretario de Hacienda de Gobierno Municipal de Alejandro San Millán y recibió una abultada suma de dinero por "el servicio" de haberme sacado del medio y recluirme en la maloliente Comisaría del Barrio El Tribuno. Con el dinero que le diera la Administración sanmillanista, el petit "jurisconsulto", decoró su bufet y se preparó para presentarse en sociedad como el Faraón de Ley. Tan así es que adquirió objetos egipcios para su despacho y sobre las paredes colgó cuadros con recortes de diarios y certificados insertos en marcos de baja calidad y mal gusto.
Gareca, aún hoy no entiente que "lo que natura no da, Salamanca non presta". Gareca estaba enloquecido por sus logros mediáticos y económicos en tan corto plazo. ¡Capellán era un buen negocio para todos! Pero algún día el ingrato y traicionero cadete de los Romero, habrá de entender que un buen y mejor abogado defensor es un técnico honesto y no un fabulador inescrupuloso que en sus tiempos de Juez, Su Pequeña Señoría, en todos su fallos, solía utilizar una muy remanida frase de remate: "procesamiento, fin último de todo proceso penal". Gareca no era Juez sino un inquisidor.
¿Por qué relato esto? Porque, mientras estaba en la Policía, escuchaba por radio cuando Gareca en todos los reportajes se auto promocionaba. Primero decía "El Sr. Capellán ha violado a un niño inocente y puro". Cuando en este libro muestre de ese niño los oscuros antecedentes de su vida y su romance procesal con Gareca, solo el silencio podrá ser el refugio de este ex juez de la inquisición sanmillanista.
Luego de florearse con sus actuaciones frente a la prensa, el Gran Bufón mediático no dudaba en pasar el chivo de su publicidad delirante: "Soy Abogado Jefe del Estudio Gareca y Asociados y tengo a mi cargo veinte abogados. Soy actor civil en más de 360 juicios..." Su mitomanía era notoria, ilimitada e insoportable. ¡Hacía menos de tres meses que lo habían echado del Poder Judicial y en plena feria del verano 2003, Su Pequeña Ex Señoría ya "contaba" con 360 causas.! ¡Cuántas mentiras y delirios!
Desde mi celda, comencé a medir la talla de Gareca: aunque de pequeña y muy baja talla, tuve que tomar referencia de que se trataba de un mitómano, un resentido social o un fracasado que, por ser lo que fue y era en ese momento, se transformaba en un nocivo enemigo. Su odio lo hizo esclavo de su debilidad por destruirme. Se desesperaba por estar en los medios: radios, canales y diarios nacionales y locales. Llamaba a conferencia de prensa mañana, tarde y noche. Y cuando estaba en frente de los flashes, las luces y las cámaras, Su Pequeña ex Señoría se inflaba como hipopótamo en celo y relataba, desde su óptica, el contenido del expediente nº 86.796 del CASO CAPELLAN.

FINALMENTE APARECE EN ESCENA
La estrategia de Gareca parecía perfecta. Antes de aparecer personalmente en escena, la había designado como Abogada del "niño delincuente" a la Dra. Liliana Claudia Costas como letrada patrocinante del falso violado a cuyo nombre responde como Rodrigo Emanuel Chavarría, denominado por mí "el niño garequiano.











