Día domingo 16 de febrero de 2003 - VISITAS
Mi vida ya no era la misma. Estaba detenido e imputado por abuso sexual cuando el destituido ex Juez Roberto Elio Gareca, Su Pequeña Señoría, emerge desde las sombras, tal cual emerge todo lo oscuro, apareció ante el mundo para mostrarse en sociedad y a la luz de los medios. El impoluto y amoroso defensor del "niño" José "C", seudónimo con el que popularizó, el propio Gareca a su amado pupilo Rodrigo Emanuel Chavarría, escribía para Diario El Tribuno hirientes artículos sobre mí los que eran publicados por su hermano Sergio Alberto Gareca.
Sergio Alberto Gareca
Gareca estaba maravillado con su pupilo quien se había transformado en razón "y fín último de todo proceso penal", ahora existencial, porque Su Pequeña Señoría (Gareca) había dejado de ser Juez el 13 de diciembre de 2002, es decir dos meses antes de mi detención. ¿Cómo surge la amorosa amistad entre Gareca y Chavarría?
De acuerdo al informe policial del investigador encubierto "Pacotillo" (Oficial Padilla) da cuenta que Rodrigo Emanuel Chavarría se hacía llamar "Ezequiel" y era un taxiboy menor de edad levantado por Gareca, que frecuentaba el bufet "Gareca y Asociados" de la Galería Augusto, Oficina 15 - Calle Balcarce 39 - de la Ciudad de Salta, mucho antes de que Su Pequeña Señoría fuera eyectado de su cargo de Juez.

Flosofía GAREQUIANA
¿Qué hacia "Ezequiel" en las oficinas de Gareca? Jugaba en las computadoras, hablaba por teléfono y mantenía pláticas privadas con su amigo abogado y "padre" putativo. Por su parte, la letrada socia del estudio garequiano, Claudia Liliana Costas, abogada con alto prestigio y reconocido abolengo, de impecable trayectoria, era una pieza vital para los objetivos de reinserción social del seudo Petit Faraón del subdesarrollo riojano y mini jurista Roberto Elio Gareca.
Comencé a repasar cada uno de los detalles de la información que recibí a tan pocas horas de estar preso, tanto, que sentí el ahogo de la impotencia, el aniquilamiento moral, físico y psíquico y el anhelo de recibir a un poco más de 200 personas que se habían reunido en frente de la policía porque querían entrar a visitarme. Gareca y Martín Grande, aunque domingo, no paraban de "informar" y de conmocionar a la sociedad con el diálogo lacerante de prejuzgar y condenarme.
Esa mañana, por la radio del complot, escuché a Martín Grande preguntarle a Gareca "doctor, por su experiencia de Juez ¿a cuántos años de cárcel va a ser condenado Capellán?" Y el Bufón Mediático respondía "no descansaré hasta que este abusador de un inocente niño purgue con la pena de, como mínimo, 15 años de prisión".
Mi pecho se llenó con el aire nauseabundo y el olor a letrina, me mordí los labios, miré el techo, puse mis manos entrecruzadas por detrás de mi cabeza y sentí que el suspiro contenido se transformó en sollozo balbuceante y me arracó de los ojos las lágrimas más amargas de mi vida. ¡Roberto Elio Gareca ya había dictado su sentencia cuando yo me preparaba a recibir a la gente que esperaban ver al amigo en desgracia.