Entre tantos agravios y desalientos, en la tarde de mi primer domingo preso, me entero que el Juez Luis María Agüero Molina determinó que mi detención se ejecutara en la Comisaría del Barrio El Tribuno porque "es lejos y la gente no va a ir a joder ahí" justificó el Juez. Además, le había ordenado a Raúl Rodriguez, Jefe de la dependencia, que me encerrara junto a todos los presos "y quiero que lo trate igual o peor que a cualquier delincuente, ningún privilegio para Capellán". ¡Qué poco me conocía el Juez! Jamás aceptaría ningún tipo de privilegio por cuanto la vida me ponía a prueba una vez más e iba a estar junto a quienes, más allá de sus acciones, sufrían los apremios más crueles en nombre de la verdad y la Justicia.
Mis pensamientos se agolpaban con la incógnita de una jornada de visitas estando preso y que comenzaría después del mediodía. Era domingo y lo habitual en mi vida, en un día como este, era dedicarme a dormir, descansar, cocinar lo que me plazca y comer sin protocolos. Luego, en la tarde, cuando dejaba de pegar el sol en las persianas de mi casa, Pasaje Saravia 235, me alistaba para ir a visitar a mi Secretario Víctor Cortéz y a su pareja Jorgelina Blanco en Barrio Juan Pablo IIº.
Alberto Javier Alderete
Ex Intendente de Salta
Pero lo cierto, de este domingo, era que ¡estaba preso! Justo al momento de mis cavilaciones, Rodriguez me indica que debo salir del calabazo y me conduce por el oscuro zaguán a recibir un visitante: Alberto Javier Alderete, Abogado y ex Intendente de Salta. "Compañero Capellán, fuerza... todos sabemos que esto es una trampa". Me abrazó con aprecio y se quedó un rato a charlar conmigo. Su visita reanimó mis sentidos. Me reconfortó saber que la percepción del colectivo social me exculpaba y me daba la esperanza de que muy pronto estaría con mi gente.
(Guillermo Capellán: Libro El Palacio de los Candados - Pag. 21 y 22)