Ex Concejal Gustavo Sáenz
No creo que la política de la provincia tenga un mejor operador que supere a Gustavo Sáenz, él es un boy-scout de la política desde los tiempos de un filólogo popular, inefable e inigualable: Juan Carlos Villamayor, un gran amigo de mi viejo y ex Intendente del Pueblo de Salta. ¿No es extraño que, durante los gobiernos de Juan Carlos Romero, se produjeron los casos más estrepitosos de la política provinciana? Los Casos más sonados son aquellos que voltearon a políticos, hombres de negocios, periodistas y dirigentes que no compartían los "ideales" de Juan C. Romero. Ejemplos: Villamayor, Sergio Poma, Benjamín Méndez y tantos otros que enfrentaron al romerismo. Guay de aquellos que osaran hablar sobre actos o negociados espurios del Gobierno.
Ex Gobernador Juan Carlos Romero
Aunque el eje temático siempre fuera el mismo y los personajes fueran fervorosos opositores o partidarios de Romero, dejaron tatuados en la historia feudal de la provincia los imborrables y ardorosos estigmas de su personalidad política. No me corresponde ser revisionista de su gesta o de acciones, pero lo que no escapa al análisis de quienes soportaron la Administración Romero es precisamente la sincronización de los hechos y la presunción de los "aprietes" de su Gobierno a la Justicia.
Ex Senador Nacional Julio San Millán
La visita de Gustavo Ruberto Sáenz, me trajo un poco de oxígeno, ese aire que ya no se podía ni respirar en el estrecho calabozo de la Seccional 7ª. Concejal y amigo, Gustavo llegó al mediodía del día jueves 20 de febrero de 2003, un feriado que se plasmó en mi memoria y le dije "amigo, esto es una trampa, una mentira ¡jamás violé ni las ordenanzas del tránsito!" Gustavo me miró y me dijo: "lo tengo a Julito San Millán al celular, quiere hablar con vos, renunciás y salís libre..."
Mis oídos quedaron en escarchas y repregunté: "¿qué significa eso...?" Mi amigo me miró de nuevo y replicó "bueno, primero te van a dictar una falta de mérito y después se ve...". Entonces entendí el mensaje. Sé que Gustavo Sáenz lo único que quería era ayudar al amigo, al compañero, pero también sé que él sabía que, operar conmigo, era una tarea imprevisible y le respondí: ""dejá abierto el micrófono para que sepan estos hijos de puta que prefiero ir a la cárcel antes que vender mi dignidad y mi inocencia".

Preso, ensuciado por vilezas y a la greña, jamás iba a aceptar canjear mi renuncia ante tan cruel e indignate propuesta. Mi amigo Gustavo se retiró de la policía y nunca jamás volvió a visitarme durante mi apestoso encierro. Ese mismo día y de lo que ahora habrá de enterarse mi gran amigo, es que esa misma tarde me visitó una persona admirable, única y allegada a él. Alguien extraordinario: Don Jaime Figueroa Cornejo, suegro de Gustavo Ruberto Sáenz, sobre quien relataré in extenso, por tratarse de un ser excepcional.
Albergue en honor a Don Jaime Figueroa Cornejo
Volviendo al eje de mi relato, digo: tener la protección de Romero, en aquellos tiempos significaba demasiado porque su férula, perfecto "blindaje" para la rome-dependencia, de la que se ufanaban los leales obsecuentes de su Gobierno, jamás me había dejado alcanzar por sus tentáculos de la corrupción. Como solía decir yo por radio que no me daba la pituitaria para el oleculismo pues el verdadero militante no debe atrofiar olfato ni ser chupamedias si pretende reconocer a los reales interpretes del proyecto peronista o si quiere ser un digno representante de los ideales del justicialismo.

A Romero le importaba un carajo la militancia peronista, él era afiliado del partido conservador Unión Provincial, alianza anti peronista y anti popular del feudo gauchesco porque Salta tiene un origen político sistémico que se fagocita los hombres y mujeres manteniéndolos cautivos en el yunque y la gleba de su encadenada historia de feudo indivíso. A los justicialistas romeristas que gobiernan Salta se les mueve la geta como matraca cuando simulan tararear la Marcha los Muchachos Peronistas. ¡Es increíble!
Libro: "El Palacico de los Candados" (Pag. 31 y 32)












