La Jueza de Menores Lucrecia Elizabeth Palavecino conocía al dedillo los antecedentes del niño delincuente que tanto amaba el enamorado letrado Roberto Elio Gareca. Palavecino, a pesar de su condición de Magistrada, se negó a remitir el Sumario Policial nº 3135 con las andanzas y fechorías de Rodrigo Emanuel Chavarría al Juez que había ordenado mi detención.
Darío Illanes y Rodrigo Emanuel Chavarría
Gareca comenzó a frecuentar a Palavecino para evitar que las pericias psicológicas del niño garequiano llegaran a la prensa. La denuncia, que me habían formulado, unió al hambre con las ganas de comer: Roberto Elio Gareca amalgamó su destino a las aptitudes delictivas de Rodrigo Emanuel Chavarría. A Gareca lo alcanza, por su talla, el adagio aquel que reza "al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen" y lo deja engrampado, como anillo al dedo con el pop refrán de los delincuentes "el zorro pierde el pelo pero no las mañas".
Lucrecia Palavecino jueza protectora del niño garequiano, le dijo a uno de mis abogados "si Chavarría revolea la cartera en el Parque San Martín es una cosa, eso a mí no me importa, no voy a prestar el expediente del "niño" a nadie. Su Ex Pequeña Señoría Gareca sonreía como chancho en medio de la mazorca y el Juez Luis María Agüero Molina nada pudo hacer para incorporar los antecedentes delictivos de quien me había inculpado de una violación.
Su Ex Pequeña Señoría Gareca
Nadie escapa de la causalidad karmática. Así fue que durante el equinoccio del otoño, 21 de marzo de 2003, al Jefe de Noche de la Policía de la Provincia, Comisario Miguel Ángel Giménez se le informa que dos mujeres Cascos Azules de la ONU, Emma Elizabeth ANSELMI italiana y See See LEE de nacionalidad china, habían sido estafadas por un "agente de viajes" al que ellas mismas procedieron a detener y entregar a la Policía. Este hecho se registra como Causa nº 39.686/03 y el autor del delito era nada más y nada menos que Rodrigo Emanuel Chavarría.
See See LEE -
Al tomar conocimiento, Su Ex Pequeña Señoría Gareca sintió que su oblonga figura se inflaba y un maloliente sudor zorrinesco le corría por todo el cuerpo. Su inocente niño y amado delincuente tenía grandes aspiraciones: pasar a ser parte de un informe de las Cascos Azules de la ONU.
El Palacio de los Candados: Pag 39












