El matutino que leen los salteños, jujeños y tucumanos en el NOA, se desmorona poco a poco: en la Provincia de Tucumán explota a sus empleados, no les paga los sueldos, está a punto de quebrar y escaparse sin cumplir con sus obligaciones salariales.
Diario El Tribuno, un viejo de 63 años de edad, está enardecido por que su dueño, Juan Carlos Romero avizora un futuro sombrío e incierto. El Tribuno ya no es confiable: es la mazmorra de los políticos, empresarios y ciudadanos que el ex Gobernador Romero desprecia.
No solo los antiromeristas sufren el despellejo de los mastines del diario, Francisco Pancho Sotelo y José Antonio Abarzúa y nadie escapa de la pluma, no siempre propia, del porteño ni del chileno como se les dice en la jerga limacheña.
José Antonio Abarzúa
Pancho y Pepe constituyen el entorno pegajoso del "Director" de quien se mofan a troche-moche y "le hacemos creer al inútil que es un capo... pero Sergio no entiende nada de periodismo ni de diario... es un pelotudo" comentan los "iluminados" jefes de El Tribuno de su propio Director Editorial. De tanto en tanto, Bernardo Ravinovich, deja algún artículo que aumenta la "credibilidad" del matutino siempre que sirva para la campaña del "retorno" de Juan Carlos Romero el mega millonario argentino.
Criticar al Senador o haber criticado al ex Gobernador Romero alguna vez es declaración de guerra de Diario El Tribuno: la orden es destruir al adversario, "matar" al enemigo, victimizarse para utilizar a ADEPA so pretexto "de y por la libertad de prensa".
Pero los tiempos han cambiado. Juan Carlos no pensó jamás que 6 años pasarían tan rápido y tampoco imaginó que el Gobierno de Juan Manuel Urtubey le formularía las denuncias penales que están avanzando ni que su Juez, el romerista Martín Pérez, también cayera en desgracia.
Jamás imaginó el otrora "infalible ecocida y estadísta", el todopoderoso gobernador, a quien se lo llamaba "El Rey Juan Carlos", haya perdido a sus más encumbrados funcionarios y amigos quienes por sus mezquindades políticas hoy son adversarios y enemigos.
Nunca jamás esperó quedarse sin partido y creyó que "yendo" por fuera del justicialismo mantendría la hegemonía política de Salta. El Sr. Feudal traicionó y fue traicionado. Su egocentrismo político y tacañería material no tienen límite y su pobre desempeño en el Senado de la Nación no produce expectativas en el señorío que gobernó sin miramientos.
Romero fue amo de la represión policial a los docentes, obreros, empleados públicos y autor de las más crueles persecusiones políticas a peronistas y periodistas. Romero ejerció el poder en forma despiadada contra justicialistas porque jamás sintió al PJ como el partido de Perón y Evita y lo tranformó en una SRL del romerismo vaciándolo de contenido ideológico, doctrinario y social.
Su destino, como dirigente peronista, es incierto y el único equipo que tiene para seguir con sus designios es el personal de El Tribuno, su diario, porque ya ni siquiera a su familia le pertenece, hoy es "el Diario de Juan Carlos" con el que destruye, calumnia, daña, confunde, miente y presiona. El matutino del Senador va cuesta abajo en lo social y solo es un panfleto publicitario de un proyecto político.
Ahora, Romero, pide, antes mandaba. Ahora Juan Carlos visita el interior, antes enviaba emisarios. Antes era Gobernador, ahora es un Senador irrelevante, un menemista más en el Congreso Nacional que cuando habla aburre y aunque es un legisferante con "pasado glorioso", nada deja con sus escuálidas y escasas participaciones en las que jamás demostró sus supuestas e innotables cualidades del engreído estadísta que nunca fue. (Jorgelo Santiago para SNS)









