Provincia de Salta - Argentina | Martes 10 de Abril de 2012
 

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Clarin y sus bemoles judiciales en el pentagrama K
2009-10-13 | Parece un compás castrense, Clarín y su toque de diana no reconoce los bemoles en el nuevo pentagrama de la comunicación democrática. Héctor Magnetto permanece reunido con los más destacados juristas y constitucionalistas de Argentina y expertos en medios audiovisules para darle un coup d´eté judicial al nuevo digesto comunicacional. La maraña oligopólica de Ernestina Herrera de Noble no acepta la derrota. La sociedad, con lentitud alentadora, toma conciencia de esta nueva "crisis" que los "opinólogos" de la doxa clarinista pretenden instalar para preservar la estructura de la imposición de las ideas. (Logo de Clarín)

El Grupo Clarín prepara sus huestes y estrategas de la opinología para declarar la guerra judicial a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La jauría mediática clarinetista se ha instalado feroz e inclaudicable para diluir cualquier indicio de conciencia social que afecte su Noble Objetivo: mantener el status quo de la información masiva y manipular la realidad modificando la temporalidad de la historia social.



El contraste de esta puja, entre la realidad irrepetible y la realidad mediatizada del dominante y Noble Imperio, afecta la evolución de la historia, la preservación de la cultura y la producción literaria como prácticas sociales puras. Al hombre de la post modernidad le queda solamente un recurso en esta lucha: guarecerse en Internet y defenderse de la imposición de realidades multimediáticas de la prensa oral, escrita y televisiva.



La conciencia social se globaliza, pero los medios dominantes no pueden apropiarse de la Ley de Gravedad Comunicacional que los fragmenta con un blog, un espacio de comentarios libres, de un foro de opiniones y un sitio de noticias. La proyección aritmética de la comunicación en red es inimaginable y su realidad geométrica crea los espacios infinitos de la libertad de expresión.



Grupo Clarín fue derrotado irremediablemente, más allá de cualquier fallo judicial que viniese a turbar el torrente de las nuevas ideas cumunicacionales. Si se prentende judicializar las ideas ya liberadas, es por que este alegato pernicioso nos acercaría al reproche penal más gigantesco formulado a la humanidad: apresar al pensamiento y aprisionar a la propia libertad en su invisibilidad esencial. 



La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual desde el momento de su aprobación, siendo sancionada y promulgada, dejó de ser La Ley K, ya no les pertenece a los Kirchner ni al Gobierno y mucho menos a quienes la debatieron. Esta Ley es ahora parte del digesto de la República, la sustenta el Estado y le es inherente a la cultura de todos y cada uno de los pueblos, religiones y parcialidades étnicas e intelectuales del país.



Los que corren destrás de La Ley y la persiguen para judicializarla y reprocharle sus efectos y afectos no son criticables y tampoco les pertenece ni los alcanza. Los legisladores que la ayudaron a nacer no son héroes ni copropietarios y aquellos que se esforzaron para abortarla tampoco están incriminados por pretender demorar la marcha de la historia y ni siquiera serán protagonistas.



Esta Ley es como un poema de Neruda o de Borges: ya no les pertenece a ellos sino que es pertinencia de la historia literaria de los pueblos. Y así miles de radios comunitarias y emisoras se desperdigan por toda la República federalizando la libertad de imprenta, democratizando el aire, la pluma, el pensamiento y el lenguaje encarnando la representatividad del mensaje en la voz originaria de sus comunidades.



El Grupo Clarín podrá instar la inconstitucionalidad del digesto como el acto fallido de su propia historia. Podría el Supremo Tribunal de la Nación cometer una tropelía contra este nuevo estadío de la cultura comunicacional de los pueblos pero jamás podrá detener la evolución de las ideas, la conciencia semiótica ni la integridad en la lucha contra el monopolio de la información. (Guillermo Capellán para Cadena Global de Argentina y SNS)