La jefa de estado irrumpió en la capilla ardiente escoltada por su madre y sus dos hijos, Máximo y Florencia. Fue su primera aparición pública después del fallecimiento. Se paró junto al féretro cerrado y allí permaneció en un clima de silencio solemne de ministros, gobernadores y otros dirigentes que la acompañan. Cuando una persona del público lanzó un grito de apoyo se quebró, apoyó la cabeza en el hombro de su hija, y enseguida se recompuso otra vez.
Sólo se desplazó de su lugar junto al cajón para fundirse en un abrazo sentido con la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y con la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. En cambio, fue más fría con el secretario general de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano.
Para el velatorio, que se prolongará hasta el sábado, han llegado a Buenos Aires el presidente de Bolivia, Evo Morales, su homólogo de Ecuador, Rafael Correa, el mandatario uruguayo José Mujica y el chileno Sebastián Piñera. Todos manifestaron su admiración por Kirchner, que era secretario general de la Unión Sudamericana de Naciones, y expresaron su solidaridad con la presidenta. Se espera además en las próximas horas la visita de los mandatarios de Brasil, Colombia, Paraguay y Venezuela.
Entretanto, son miles las personas que aguardan para entrar a la sede de la presidencia a dejar su último adiós a Kirchner y manifestar su apoyo a la presidenta. El público circula apenas segundos por delante del féretro, en algunos casos cantan o gritan sus consignas. Algunas mujeres y jóvenes lloran con gran congoja.