“El gobierno nacional no quería que las familias de los mineros se instalaran acá. Primero les pidió que volvieran a sus casas y se opuso a que se dieran clases en el campamento”, relató la docente. Sin embargo, empujado por la terquedad del grupo de familiares y por la decisión del gobierno de Copiapó, la escuela móvil se estableció en el ingreso al campamento Esperanza, donde ayer compartían espacio más de 2.000 personas, en su mayoría periodistas.
El aula móvil para los pequeños. “Yo llegué a la mina el 27 de setiembre. La historia más conmovedora que encontré fue la de una perrita que estaba abandonada en el campamento y cuando llegaron los familiares y los niños la adoptaron como propia. Le pusieron de nombre La Mina. Los nietos del minero Mario Gómez fueron los que se hicieron cargo de ella y se la iban a llevar cuando todo esto terminara, pero anteayer desapareció lamentablemente”, contó Guzmán.
Sobre la conducta y el rendimiento escolar, la docente se mostró muy conforme. “Las familias los han preparado muy bien, a ellos no se los nota muy afectados y hacen una vida normal. Ellos están seguros de que sus familiares van a salir, están con muchas fuerzas y mucha confianza de que va a ser así”, señaló.
“Lo viven como una aventura pero siempre conscientes del peligro real que existe en la mina, sus familiares nunca les mintieron, solamente les explicaron la realidad en un lenguaje adecuado para los chicos”, ponderó la maestra, ayer, mientras empezaban a llegar sus primeros alumnos.
Tuvieron clases a pesar de ser feriado por el aniversario del descubrimiento de América. Para no interrumpir el desarrollo de los contenidos curriculares que venían incorporando los hijos de los mineros en sus escuelas de origen, los maestros afectados al aula del campamento Esperanza prepararon planes personalizados.
“Desde las escuelas a las que ellos van nos mandaron los programas y nosotros tratamos de continuar con ellos sin generar contradicciones. Estamos en contacto con los profesores que tienen ellos en sus escuelas”, explicó Guzmán. La docente resaltó que el cambio de ámbito de estudio les costó más a los niños más pequeños: “Los chicos lo único que quieren es que sus familiares salgan del pozo, verlos para abrazarlos y besarlos”.