Provincia de Salta - Argentina | Martes 10 de Abril de 2012 |
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| Winter y los Gareca de El Tribuno |
2010-12-02 | Príncipes de las tinieblas
Ciertos amigos me preguntan por qué escribo acerca de Bernardo Rabinowicz, Sergio Gareca, “Tito” Romero y otros pusilánimes salteños.
“No hagas leña del árbol caído”, sugieren colegas experimentados a quienes respeto inmensamente por su coraje al haber permanecido en Salta, contrastante con mi cobardía al haber partido.
En mi condición de testarudo profesional (quienes me conocen dicen que integro la lista de las cien personas más obstinadas del mundo), refuto con otra pregunta: “¿Por qué no?”
Si bien es cierto que no es conveniente hacer leña del árbol caído porque sus ramas están húmedas tras haberse orinado encima del susto durante el descenso vertiginoso, la caída guarda cierto valor intrínseco, al menos como ejemplo para las nuevas generaciones.
Especialmente en el caso de los Romero, propensos al financiamiento de emprendimientos político-empresarios con dinero de los contribuyentes y a sus colaboradores no menos inescrupulosos.
Los lectores de Nuevo Diario de Salta saben que Bernardo Rabinowicz fue Jefe de Redacción de El Tribuno durante mucho tiempo.
Desde mediados de 1995 acompañó las trágicas gestiones gubernamentales de Juan Carlos Romero con desinformación, mentiras y disimulos, chupó las medias deslealmente a ministros del gabinete de Gobierno, secretarios de Estado, legisladores provinciales y nacionales y en general, otorgó nuevo significado a la expresión “más papista que el Papa”.
Quizás no sepan que nunca, ni una sola vez durante todos esos años, Rabinowicz tuvo en cuenta (ni consideró siquiera fugazmente), desde su posición periodística, las necesidades informativas de los salteños comunes.
Apoyándose en las abyecciones consuetudinarias del otro príncipe de las tinieblas que hoy nos ocupa, Sergio Gareca -miembro de la familia salteña homónima conocida por el grado de ineptitud de sus integrantes-, Rabinowicz es responsable directo de la publicación de más mentiras y falsedades en las páginas de El Tribuno que el ministro de Propaganda alemán durante la Segunda Guerra Mundial.
A modo de retribución por los servicios prestados, posiblemente sea premiado con una asesoría política en la Legislatura, en donde, pagado con dinero de los contribuyentes, continuará disfrutando de los beneficios de la prebenda patrocinada por los Romero, quienes son extremadamente habilidosos en la ejecución de estas maniobras y caen siempre parados, como es de esperar en los “gatos” experimentados.
Utilizaron los servicios de Rabinowicz mientras lo necesitaron y resueltamente se lo quitaron de encima con poco más que una llamada telefónica del ex gobernador al presidente de la Cámara de Diputados, o a quien quiera sea su futuro empleador. ¡El dinero de los contribuyentes al servicio del pueblo!
Gareca, por su parte, será “consultor” de noticias de El Tribuno en ausencia de Roberto “Tito” Romero, o sea, todos los días. Los Romero saben que Gareca no permitiría la publicación, en El Tribuno, de noticias adversas a sus intereses, pero no confían en él suficiente como para designarlo en la vacante generada con el alejamiento de Rabinowicz.
Tal grado de desconfianza está probablemente relacionado con la cercanía del otro Gareca, “el juez más famoso de Salta”, conocido en el ambiente por su colosal insolvencia legal, inclinaciones mediáticas insaciables y apariencia de perro obeso con sueño.
Pese a la adversidad del medio, los hermanos Gareca están convencidos que los primeros cincuenta años con los Romero son los más difíciles; después, es cuesta abajo.
¿Sabía que uno, Sergio, fue expulsado del diario en tres oportunidades por incompetencia y el otro, Roberto Elio, fue juez hasta su destitución…también por incompetencia? ¿Será posible que los hermanos Gareca sean incompetentes? ¿Si es así, porque los Romero se empeñan en emplearlos?
Bernardo Rabinowicz acepta a regañadientes la necesidad de eliminar costos, pero niega que su despido de El Tribuno obedezca a ineptitud y desaciertos en asuntos periodísticos; tal como es habitual en los megalómanos, se considera a sí mismo indispensable.
En su mente simple, cerrada y fría Sergio Gareca, segundón por antonomasia todavía sueña que está destinado a cargos importantes en El Tribuno; el hecho de que la designación no se produzca y hayan transcurrido ya más de treinta años le molesta y a duras penas consigue ocultarlo.
Los segundones poseen una rara propiedad: pueden imitar, suplir esporádicamente, e inclusive “hacer las veces de…” pero nunca reemplazan a sus jefes, porque carecen de talento y de la capacidad de mando que de él surge.
Roberto “Tito” Romero acepta la responsabilidad por los des manejos de Bernardo y Sergio, total nada le cuesta, e inmediatamente comienza otra larga vacación en un hotel y spa del cantón suizo Schaffhausen, famoso por los tratamientos especiales brindados por dieciocho masajistas indias a directores de diario estresados.
A mil ochocientos dólares diarios, más impuestos, las tarifas del hotel están reservadas exclusivamente a ricos y famosos; afortunadamente, la publicidad oficial es interminable.
Los príncipes de las tinieblas continúan en Salta; (por ahora) imperturbables y atroces.
Por Jorge Winter
jorgewinter@nuevodiariodesalta.com.ar
todas las notas de Jorge Winter
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Príncipes de las tinieblas
Ciertos amigos me preguntan por qué escribo acerca de Bernardo Rabinowicz, Sergio Gareca, “Tito” Romero y otros pusilánimes salteños.
“No hagas leña del árbol caído”, sugieren colegas experimentados a quienes respeto inmensamente por su coraje al haber permanecido en Salta, contrastante con mi cobardía al haber partido.
En mi condición de testarudo profesional (quienes me conocen dicen que integro la lista de las cien personas más obstinadas del mundo), refuto con otra pregunta: “¿Por qué no?”
Si bien es cierto que no es conveniente hacer leña del árbol caído porque sus ramas están húmedas tras haberse orinado encima del susto durante el descenso vertiginoso, la caída guarda cierto valor intrínseco, al menos como ejemplo para las nuevas generaciones.
Especialmente en el caso de los Romero, propensos al financiamiento de emprendimientos político-empresarios con dinero de los contribuyentes y a sus colaboradores no menos inescrupulosos.
Los lectores de Nuevo Diario de Salta saben que Bernardo Rabinowicz fue Jefe de Redacción de El Tribuno durante mucho tiempo.
Desde mediados de 1995 acompañó las trágicas gestiones gubernamentales de Juan Carlos Romero con desinformación, mentiras y disimulos, chupó las medias deslealmente a ministros del gabinete de Gobierno, secretarios de Estado, legisladores provinciales y nacionales y en general, otorgó nuevo significado a la expresión “más papista que el Papa”.
Quizás no sepan que nunca, ni una sola vez durante todos esos años, Rabinowicz tuvo en cuenta (ni consideró siquiera fugazmente), desde su posición periodística, las necesidades informativas de los salteños comunes.
Apoyándose en las abyecciones consuetudinarias del otro príncipe de las tinieblas que hoy nos ocupa, Sergio Gareca -miembro de la familia salteña homónima conocida por el grado de ineptitud de sus integrantes-, Rabinowicz es responsable directo de la publicación de más mentiras y falsedades en las páginas de El Tribuno que el ministro de Propaganda alemán durante la Segunda Guerra Mundial.
A modo de retribución por los servicios prestados, posiblemente sea premiado con una asesoría política en la Legislatura, en donde, pagado con dinero de los contribuyentes, continuará disfrutando de los beneficios de la prebenda patrocinada por los Romero, quienes son extremadamente habilidosos en la ejecución de estas maniobras y caen siempre parados, como es de esperar en los “gatos” experimentados.
Utilizaron los servicios de Rabinowicz mientras lo necesitaron y resueltamente se lo quitaron de encima con poco más que una llamada telefónica del ex gobernador al presidente de la Cámara de Diputados, o a quien quiera sea su futuro empleador. ¡El dinero de los contribuyentes al servicio del pueblo!
Gareca, por su parte, será “consultor” de noticias de El Tribuno en ausencia de Roberto “Tito” Romero, o sea, todos los días. Los Romero saben que Gareca no permitiría la publicación, en El Tribuno, de noticias adversas a sus intereses, pero no confían en él suficiente como para designarlo en la vacante generada con el alejamiento de Rabinowicz.
Tal grado de desconfianza está probablemente relacionado con la cercanía del otro Gareca, “el juez más famoso de Salta”, conocido en el ambiente por su colosal insolvencia legal, inclinaciones mediáticas insaciables y apariencia de perro obeso con sueño.
Pese a la adversidad del medio, los hermanos Gareca están convencidos que los primeros cincuenta años con los Romero son los más difíciles; después, es cuesta abajo.
¿Sabía que uno, Sergio, fue expulsado del diario en tres oportunidades por incompetencia y el otro, Roberto Elio, fue juez hasta su destitución…también por incompetencia? ¿Será posible que los hermanos Gareca sean incompetentes? ¿Si es así, porque los Romero se empeñan en emplearlos?
Bernardo Rabinowicz acepta a regañadientes la necesidad de eliminar costos, pero niega que su despido de El Tribuno obedezca a ineptitud y desaciertos en asuntos periodísticos; tal como es habitual en los megalómanos, se considera a sí mismo indispensable.
En su mente simple, cerrada y fría Sergio Gareca, segundón por antonomasia todavía sueña que está destinado a cargos importantes en El Tribuno; el hecho de que la designación no se produzca y hayan transcurrido ya más de treinta años le molesta y a duras penas consigue ocultarlo.
Los segundones poseen una rara propiedad: pueden imitar, suplir esporádicamente, e inclusive “hacer las veces de…” pero nunca reemplazan a sus jefes, porque carecen de talento y de la capacidad de mando que de él surge.
Roberto “Tito” Romero acepta la responsabilidad por los des manejos de Bernardo y Sergio, total nada le cuesta, e inmediatamente comienza otra larga vacación en un hotel y spa del cantón suizo Schaffhausen, famoso por los tratamientos especiales brindados por dieciocho masajistas indias a directores de diario estresados.
A mil ochocientos dólares diarios, más impuestos, las tarifas del hotel están reservadas exclusivamente a ricos y famosos; afortunadamente, la publicidad oficial es interminable.
Los príncipes de las tinieblas continúan en Salta; (por ahora) imperturbables y atroces.
Por Jorge Winter
jorgewinter@nuevodiariodesalta.com.ar
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